Hubo una época, he de admitir, durante la cual el
re-marketing era, para mí, una señal divina del cielo que me decía que tenía
que comprar aquello que había mirado en la página de Zara una hora antes. Yo
miraba un vestido, pensaba que era bonito, miraba el precio, pensaba que en otra vida si acaso, y un
rato después el mismo vestido me aparecía en la barra lateral del newsfeed de Facebook. Sé que es confesar
algo no muy digno, pero pasó un tiempo largo hasta que se me ocurrió que tal
vez, y sólo tal vez, no fuera casualidad. Entonces descubrí el re-marketing. Es
sencillo: el usuario entra en tu página web, mira (o no) tus productos, y poco
después va a otra site a mirar otra
cosa, sin completar el proceso para el que tu web ha sido preparada (comprar,
inscribirse...). Pero gracias al maravilloso invento de las cookies, tu página web "sigue"
al usuario hasta la siguiente página, y pone allí mismo un anuncio de lo que
hacía sólo un momento estaba mirando, pero que no ha comprado. Esto aumenta el
impacto entre los usuarios en un 50%. Otro de los inventos de Google Adwords.
Y, como todos, funciona extremadamente bien. Hay que tener en cuenta que este
estilo de márketing dirige el anuncio directamente
a un público que seguro está interesado en lo que
anuncias. Hablas directamente con tu target.
Es la Meca de la post-publicidad segmentada. Bien aprovechado, el re-marketing
puede ser incluso más provechoso que un anuncio que, por mucho público que
tenga, no se dirige al público que le toca.
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